Politraumatismo, desde la intervención hasta la estabilización del paciente

politraumatismo

En Europa, los traumatismos representan la primera causa de muerte por debajo de los cuarenta años y una de las principales de discapacidad permanente. Cada año, miles de personas pierden la vida a causa de lesiones múltiples que, en muchos casos, podrían tratarse con éxito mediante una intervención rápida y coordinada. En medicina de urgencias, esta condición recibe el nombre de politraumatismo.

Qué es el politraumatismo

Se habla de politraumatismo cuando un paciente presenta lesiones graves en varias regiones corporales, de las cuales al menos una es potencialmente mortal. Es una condición que requiere un enfoque inmediato y multidisciplinario, basado en protocolos precisos y en una cadena de intervenciones que acompaña al paciente desde el lugar del accidente hasta la estabilización hospitalaria.

Los pacientes con politraumatismo se incluyen en la categoría de “heridos graves”. Las causas más frecuentes son los accidentes de tráfico, seguidos de las caídas desde altura, los traumatismos laborales, los accidentes deportivos o los eventos de alta energía, como explosiones y aplastamientos.

La atención a un paciente con politraumatismo se estructura en cuatro fases principales:

  1. La fase prehospitalaria y la atención en el lugar del accidente
  2. El transporte hacia el centro de referencia
  3. La recepción en el hospital
  4. La estabilización y la recuperación
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1. La fase prehospitalaria y la atención en el lugar del accidente

El primer eslabón de la cadena de supervivencia es la atención prehospitalaria, la fase más delicada, en la que cada decisión influye directamente en el resultado final.

El principio guía es el de la “Golden Hour”, la “hora dorada” que separa el evento traumático de la intervención hospitalaria. En este intervalo, cada minuto cuenta, porque reconocer, tratar y trasladar rápidamente al paciente al centro más adecuado puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En el lugar del accidente, el equipo de socorro, compuesto por voluntarios, enfermeros y médicos, asegura primero la escena, protegiéndose a sí mismos y a los demás.

A continuación, se realiza la evaluación primaria, que se lleva a cabo siguiendo el protocolo ABCDE: vías aéreas, respiración, circulación, estado neurológico y exposición corporal. Es un orden preciso, que responde a una regla fundamental: primero se salvan las funciones vitales, luego se analiza todo lo demás.

En los últimos años, los protocolos han introducido una modificación importante: el control inmediato de las hemorragias masivas. Detener una hemorragia externa con un torniquete, una gasa hemostática o un vendaje compresivo puede salvar la vida incluso antes de que el paciente llegue al hospital. Paralelamente, se inmovilizan las extremidades fracturadas y se protege la columna vertebral con collarines cervicales, tablas espinales o colchones de vacío.

Una vez estabilizada la situación, se evalúa el traslado al centro más adecuado.

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2. El transporte hacia el centro de referencia

Durante el transporte, el personal monitoriza constantemente los parámetros vitales (presión arterial, frecuencia cardíaca, saturación, nivel de conciencia) e interviene con terapias dirigidas.

Entre las prioridades, se incluye también el control de la temperatura corporal. La hipotermia es, de hecho, uno de los tres elementos de la triada letal, junto con la acidosis y la coagulopatía, que agravan rápidamente las condiciones del paciente.

Las ambulancias modernas son verdaderas unidades móviles de reanimación. Están equipadas con monitores multiparamétricos, ventiladores portátiles, bombas de infusión y sistemas de comunicación que permiten transmitir en tiempo real los datos clínicos al servicio de urgencias de destino. Esto permite preparar al equipo de trauma antes de la llegada del paciente, reduciendo los tiempos de intervención y mejorando el pronóstico.

La aportación de Stem

Precisamente en esta fase, otro aspecto crucial es la reducción de las vibraciones, que pueden aumentar el dolor y el estrés del paciente, especialmente en los casos de trauma mayor. En este ámbito, Stem diseña y fabrica bancadas amortiguadas que mejoran significativamente el confort y la seguridad durante el trayecto, atenuando las vibraciones causadas por baches y carreteras irregulares.
Gracias a sistemas como Eden-XP, Eden-BS8, Eden HV-2000, Optimus-XP y, para los transportes marítimos, Mast 25, el paciente disfruta de un traslado más estable y controlado, con menores sacudidas y una mejor gestión del dolor.

Así lo cuenta Davide Villa, que en 2018 sufrió un grave accidente de tráfico que le provocó numerosas fracturas en la pierna derecha. Durante su proceso de rehabilitación, un total de 26 sesiones, tuvo que afrontar estos largos desplazamientos en los vehículos de SOS Pavese, equipados con soportes amortiguados de Stem, entre ellos Eden, y con el sistema de carga asistida Sherpa.

«La cantidad de vibraciones transmitidas a mi pierna –relata Davide– fue notablemente inferior a la de los transportes tradicionales. También a nivel sonoro el impacto es distinto. Se pueden vivir estos desplazamientos, necesarios y fundamentales, con mayor serenidad, sin aumentar el nivel de ansiedad ni sufrir un estrés excesivo».

Quienes utilizan los soportes de Stem experimentan un transporte más estable y confortable, una reducción de los casos de cinetosis y, en consecuencia, una menor necesidad de sedación. Por estas razones, estos soportes están especialmente recomendados para transportes sensibles, neonatales y politraumatizados.

3. La recepción en el hospital

Al ingresar en urgencias se activa la “Trauma Team Activation”. Cirujanos, anestesistas, traumatólogos, radiólogos y enfermeros especializados esperan al paciente en una sala dedicada. Según informa el Hospital Metropolitano “Bianchi Melacrino Morelli”, la constitución de un equipo de trauma multidisciplinario se produce en cuanto se notifica un trauma mayor. La activación la dispone el médico de urgencias en presencia de condiciones clínicas críticas, como inestabilidad hemodinámica, intubación en curso o lesiones anatómicas graves.

La evaluación comienza de nuevo, pero con instrumentos diagnósticos más sofisticados. Se repite el protocolo ABCDE, con el control de las vías aéreas y de la columna cervical, la valoración respiratoria y circulatoria, el análisis neurológico y la inspección completa del cuerpo para detectar lesiones ocultas.

Durante esta fase se realizan las primeras maniobras de salvamento, como la intubación traqueal, la cricotiroidotomía de emergencia, el drenaje torácico o el control de hemorragias mediante taponamiento y compresión.

Mientras no se descarte una lesión vertebral, el paciente se gestiona con inmovilización completa mediante tabla espinal y collarín rígido.

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4. La estabilización y la recuperación

La estabilización no se agota en las primeras horas. Tras la intervención, el paciente es trasladado a cuidados intensivos para un monitoreo continuo y el tratamiento de las complicaciones. Las prioridades siguen siendo la corrección de la triada letal, la prevención de infecciones y el soporte de los órganos vitales.

Las pruebas diagnósticas se realizan solo después de que las funciones vitales se hayan restablecido. Entre las principales se incluyen la radiografía de tórax, la ecografía E-FAST para identificar hemorragias internas, la radiografía de pelvis y columna cervical y, si las condiciones lo permiten, la tomografía computarizada total. El objetivo es identificar rápidamente las lesiones que ponen en peligro la vida e intervenir sin demoras.

La rehabilitación comienza tan pronto como las condiciones lo permiten. Es un proceso largo y multidisciplinario que involucra a fisioterapeutas, traumatólogos, neurólogos y psicólogos. Su objetivo es lograr la recuperación no solo física, sino también psicológica del paciente.

Un sistema en evolución

En los últimos años, Italia ha dado pasos importantes en la gestión del trauma mayor. Las regiones han desarrollado redes integradas que conectan los medios de socorro, los hospitales periféricos y los centros de referencia. Sin embargo, este sistema en red sigue en fase de consolidación: funciona bien donde está realmente integrado, pero continúa sufriendo una evidente heterogeneidad regional.

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¿Y en el resto del mundo?

En Francia, la gestión del trauma está fuertemente medicalizada ya en el territorio. En el lugar interviene la unidad SMUR, coordinada por el SAMU, compuesta por un médico de urgencias, un enfermero y un conductor-socorrista. Esto permite realizar maniobras avanzadas de estabilización antes del transporte, según el principio de “stay and play”. Este consiste en estabilizar al paciente en el lugar y luego trasladarlo en condiciones más seguras.

Alemania, por su parte, posee uno de los sistemas más estructurados del mundo: el TraumaNetzwerk DGU, que conecta todos los hospitales dividiéndolos en tres niveles de competencia (local, regional y suprarregional) según la complejidad de los casos.

En España, el socorro se gestiona a nivel regional por las Comunidades Autónomas. Las diferencias organizativas son notables, pero el principio guía sigue siendo el de “run and play”: iniciar la estabilización mientras se prepara el traslado al centro adecuado.

En el Reino Unido, finalmente, el sistema fue completamente reformado en 2012 con la creación de las Major Trauma Networks. Cada red incluye un Major Trauma Centre, de referencia para los casos más graves, y varias Trauma Units destinadas a la estabilización y transferencia. La filosofía es opuesta a la francesa. Los médicos permanecen en el hospital, mientras que en el terreno actúan paramédicos altamente entrenados, siguiendo el enfoque “scoop and run”. Cargar, iniciar las maniobras básicas y alcanzar el centro especializado en el menor tiempo posible.

Conclusiones


Lo que cambia de un país a otro es el punto donde se concentra la competencia avanzada.

En Francia y Alemania, está en el terreno, donde el médico de urgencias actúa ya en la fase prehospitalaria. En Italia y España, el modelo es híbrido, medicalizado pero descentralizado; y en el Reino Unido, en cambio, la especialización se concentra en los grandes centros hospitalarios.

Cambia la lógica operativa (en algunos países el hospital llega al paciente, en otros el paciente llega al hospital), pero el objetivo es idéntico en todas partes: transformar el tiempo en supervivencia.